Vipassana y mis sueños

Vipassana y mis sueños

11 de Abril del 2020

Hoy salí de mi Auto-Retiro de Meditación en Silencio de Vipassana.

Hice tres días de completo silencio y aislamiento en meditación.

Es la primera vez que lo hago yo sola sin estar recluida en un centro especial de Vipassana, anteriormente lo había hecho 2 veces, cada uno de 10 días.

10 días en los que no puedes tener contacto con nadie a tu alrededor,  no hablar, no ver a los ojos, no tocar a nadie, no escribir, no hacer ejercicio,  no leer, además de un código estricto de conducta y moralidad que se llama shilla. En resumen es básicamente como un campo de concentración para la mente, donde no le permites distraerse con nada ni con nadie, y en el que cada día te sientas a meditar 11 horas diarias, de 4:30 de la mañana a 9 pm, claro con algunas horas de descanso, y tiempo para hacer los sagrados alimentos. 

Purificar la mente de toda negatividad, animosidad y emoción tóxica en las capas superiores de la mente puede ser una tarea ardúa, pero si se medita con disciplina y constancia es factible lograrlo. Pero hablar de purificar la mente de las impurezas profundas inconscientes no es algo siquiera que podamos comprobar que suceda, y luego que suceda con éxito. Fue hasta que en el primer retiro de meditación Vipassana comprobé con mi experiencia propia que en verdad esto sí es posible y sí puede suceder. Algo que ni siquiera sabía que se podía lograr solo con meditar consistentemente y con paciencia.

Desde la primera vez que viví la experiencia hace ya más de 5 años supe que sería la técnica de meditación a la que me quería adherir fielmente, porque a diferencia de las demás técnicas, ésta tiene un propósito mucho más puro y supremo, además de simplemente entrenar la mente. Su más alto propósito es purificarla de la negatividad en todos sus niveles, especialmente en sus capas más profundas e inconscientes, para erradicar el dolor y el sufrimiento causado por el apego, el deseo y el rechazo, e incluso por el karma. Sin rituales, sin deidades, sin más nada que la práctica constante y disciplinada de la simple técnica para aprender a aceptar la vida tal y como es con ecuanimidad. Pero sobre todo y lo más importante porque de entrada comprobé con mis propios sueños una cantidad de impurezas (negatividad) que jamás me hubiera imaginado que existían, hasta que la meditación las sacó a la superficie.

Desde que soy niña he tenido sueños premonitorios en momentos muy importantes de mi vida, nunca les puse mucha atención, pero tengo muy grabados los sueños de mi infancia y mi adolescencia que me mostraban constantemente lugares que después conocía en la vida real. Fue hasta mi edad adulta que empecé a trabajar con ángeles que empecé a trabajar con mis sueños seriamente. Primero empecé a llevar un diario de sueños, después aprendí a descifrar los mensajes que me llegaban, identificar si eran de mis ángeles, o  guías espirituales, de seres fallecidos, o si eran simplemente un cóctel de situaciones, emociones y pensamientos reprimidos.

Fue desde entonces que mis sueños se han convertido en una pieza fundamental en mi vida, una especie de brújula y al mismo tiempo un canal de comunicación con el plano superior. A lo largo de mi vida he soñado desde escenas importantes de vidas pasadas que me ayudan a entender un poco más de mi presente, hasta mensajes de seres fallecidos, como mi abuela, una tía y ahora mi papá quien se comunica conmigo de esa forma. A veces recibo advertencias, instrucciones e incluso consejos espirituales. Por supuesto mi habilidad para descifrar mis sueños se ha ido afinando con el paso de los años, no es algo que surgió de la noche a la mañana.

Podría decir que casi siempre sueño o al menos el 90% de las noches tengo sueños, pero eso no significa que todo lo que sueño trae información de planos superiores. Lo que sí es seguro es que traen mucha información de mi propia psique y de mis propios planos inconscientes de mi mente. A veces creo que podría escribir un libro solo de sueños, sus mensajes y la forma en la que me van guiando en los momentos más críticos de mi vida.

Sin planearlo la meditación Vipassana se ha convertido en una poderosísima herramienta para mi mente, porque es como una válvula de escape en la que libero impurezas (pensamientos tóxicos; como miedos, enojos, resentimientos, odios, culpas, etc.) de los planos más profundos e inconscientes de mi mente y que después a través de los sueños salen a la superficie.

Así, éstos 3 días de completo silencio y meditación no fueron la excepción. Mis sueños una vez más sacaron mucho de lo que tenía atorado adentro en las profundidades.

Esta vez a diferencia de los retiros en grupo de los centros Vipassana yo adapté la agenda y los horarios de meditación a mi gusto. Estuve meditando únicamente 8 horas diarias, en vez de 11, como es en los retiros formales de 10 días. Eliminé las meditaciones en grupo, pues no tengo grupo con quien meditar. Estuve meditando únicamente 4 horas antes de la comida  y 4 horas después de la comida. Horas espaciadas en intervalos de una hora y dos horas. 

Ahora lo que me sorprendió fue que naturalmente mi cuerpo después de una hora de meditación formal e ininterrumpida me pedía dormir, cosa que antes no me sucedía. Una pequeña siesta de 30 minutos que a veces se hacía de una hora era suficiente. En ese tiempo invariablemente caía profundamente dormida y tenía sueños muy vívidos de situaciones que me enojan, situaciones que no las tenía presentes, vamos, que ni siquiera han sucedido, pero que si sucedieran explotaría una gran ira y resentimiento en mi interior. 

Ahora que lo escribo me da risa, porque es como si mis sueños me estuvieran mostrando todo aquello de lo que no me hago responsable o no me quiero hacer cargo, mis emociones ocultas, mis enojos atrasados, mis miedos y así todas las impurezas que mi mente ha estado guardando.

Mi rutina no fue nada complicada, me despertaba a las 5 am, para estar meditando de las 5:30 a las 7:30 am, después una pausa para tomar un baño, a las 8 en punto me traían de desayunar y mi té masala chai, para después contemplar las montañas, luego de nuevo una hora de meditación con férrea determinación o como se dice adhitthana, que significa tratar de no moverte durante toda la hora, después un descanso, luego otra hora de meditación adhitthana, después un descanso y lunch. Por la tarde 2 horas de meditación continúa, a mi ritmo, luego descanso otra vez, después a las 5:00 pm hora del té, para pasar a las 6:00 pm a 1 hora de meditación, seguido de un descanso y de la cena a la 7:00 pm, para luego a las 8:00 pm escuchar un discurso de Goenka para después a las 9:00 pm hacer la última hora de meditación final, seguido de una Meditación metta para cerrar el día, e ir a la cama en punto de las 10:30 pm. 

Finalmente esta mañana que terminó mi auto-retiro de silencio desperté a las 6 de la mañana de un sueño que todavía me sorprende, al parecer un recuerdo de una vida pasada que tal vez le da la explicación o la razón de porqué estoy aquí, y porqué me siento tan familiarizada con este lugar, como si fuera mi casa.

Habrá quienes piensen que estoy medio loca, que soy medio rara y medio psicodélica, la gran mayoría de la gente piensa eso. Especialmente en mi casa, mi familia, pero ya me acostumbré y acepto hasta con agrado y diversión su percepción.

Dicho lo anterior igual les comparto algo de lo que ya no me avergüenzo, mis sueños más obscuros. Aquí les cuento este sueño que tuve anoche y que me causó gran impresión.

Soy una niña de unos 10 años edad, soy un tipo líder, o dirigente de una comunidad de gente con ojos rasgados, no podría decir si eran tibetanos, chinos, japoneses o qué, o de dónde, sólo sé que seguro éramos asiáticos, porque todos teníamos los ojos tipo oriental, yo soy una especie de sobreviviente hija del rey o algo así, estoy acompañada de todo un ejército y estamos a punto de entrar en una fortaleza a atacar, cuando entonces entran todos mis guerreros y el ejército a matar a todo ser vivo que se pone frente a su camino, yo lo contemplo desde afuera, en mi no hay ningún sentimiento de enojo, tristeza o dolor, estoy en calma, simplemente entiendo que es lo que toca hacer, pero de repente, empiezo a vomitar sangre, sigo siendo una niña como de 10 años, entonces me asusto, no entiendo qué pasa, pienso que estoy enferma o que me hirió algún arma desde lejos, pero de repente me doy cuenta de que la sangre que vomito no es mía, es de toda la gente que mi ejército está matando, la sangre que vomito es la sangre de los heridos de adentro de la fortaleza, de mis propias víctimas. En ese momento tomo consciencia y quiero que se detengan, pero ya es muy tarde, nadie me escucha, están matando a todos. Después del ataque solo dejan vivir a los pocos niños que había, hijos de los que vivían adentro de la fortaleza, todos son más o menos de la misma edad que yo, son pocos, 3 ó 4, me acerco a ellos y les doy unas muñecas de madera y los invito a que jueguen conmigo. Casi inmediatamente después nos damos cuenta de que ahora nosotros estamos sitiados, todo mi ejército y yo con ellos en el interior de la fortaleza, estamos rodeados de nuevo por otros guerreros de aldeas cercanas que llegaron a defender. Mi gente me dice que me oculte en un palanquín de esos típicos transportes de la antigüedad de todo Asia, me dicen que tienen que salvarme y ayudarme a escapar sin ser vista, yo desesperada lo primero que hago es meter al palanquín a los otros niños que sobrevivieron. Les explico que no se asomen, que no pueden ser vistos, que se tienen que esconder conmigo. 

Y entonces desperté, de esos sueños tan vívidos que no supe si lo que soñé fue en realidad sólo un sueño o un recuerdo.

Si parte de purificar la mente en sus capas profundas significa traer a la superficie de la consciencia todo aquello de lo que nos arrepentimos, o nos sentimos terriblemente responsables, incluso aquello de tiempos inmemoriales, que son como volcanes dormidos en nuestro interior dispuestos a despertar cuando menos lo esperamos, seguiré siendo devota a mi dhamma, a mi práctica de meditación vipassana, y que viva el silencio, el auto-retiro y el auto-conocimiento profundo para la purificación de mi mente pero últimadamemte para la liberación de mi alma.

El camino es largo, el dhamma requiere mucho compromiso y constancia, pero al menos siento que cada vez estoy un poco menos lejos de la meta.

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